NO ESTAMOS EN EL LADO GANADOR

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por Václav Klaus, Castillo de Praga, Septiembre 7 de 2012

Mont Pelerin Society Reunión General 2012

A principios de esta semana tuve ya la oportunidad de decir lo feliz que estoy, y que estamos todos, de tener la Reunión General de MPS aquí en Praga. Espero que hayan podido disfrutar Uds. de su estadía.

Más de 20 años atrás, dos años después de la caída del comunismo en este país y en esta parte del mundo, tuvimos aquí la Reunión Regional de MPS, en la que estuvieron algunos de Uds. Estábamos en los momentos cruciales de nuestra transición radical del comunismo a la sociedad libre, en muchos aspectos sobre la base de ideas conectadas a la MPS. Aquella reunión nos dio un apoyo moral importante, y nos ayudó en nuestros esfuerzos para deshacernos del pasado y construir una sociedad libre en el sentido de la MPS.

Y en cambiar el país sustancialmente en esa dirección tuvimos éxito: como Uds. pueden ver, la República Checa ha dado un visible paso adelante. Sin embargo, sería inapropiado cantar victoria.

Para alguien como yo, que después de la caída del comunismo participó activamente en preparar y organizar cambios políticos y económicos radicales, este mundo de ahora es una decepción: vivimos una sociedad mucho más socialista y estatista de lo que por entonces imaginamos. Tras prometedores comienzos, retrocedimos en varios aspectos, y nos fuimos de vuelta al pasado; a un pasado que habíamos creído ya “pasado”, y para siempre. Subrayo que no tengo en mente sólo mi país, sino toda Europa y Occidente.

Hace 20 años, nos pareció que el tremendo cambio de gran alcance ante nuestros ojos era en dos ejes, político y económico: “opresión vs. libertad”, y “Estado vs mercado”.

Era una sensación justificada. Y reforzada porque nuestra “Revolución de Terciopelo” había sucedido en ese momento único en la historia, cuando Ronald Reagan y Margaret Thatcher.

Gracias a ellos dos, y en el mundo de las ideas gracias personas como Hayek, Friedman, Stigler y otros más, creíamos que el capitalismo, al menos durante un tiempo, lograría defenderse contra la marea mundial de socialismo. La gente como yo sabíamos que todas aquellas personas eran únicas y excepcionales, pero no esperábamos que lo que ellos lograron fuese a olvidarse tan rápido. Porque teníamos la errada convicción de que los cambios eran irreversibles.

Hoy, muchos ya no tenemos este sentimiento, a lo menos yo no. Porque otra vez más, de modo casi invisible y en silencio, el capitalismo y la libertad se han debilitado mucho. Mi amigo Pascal Salin, ex presidente de MPS, debe haber tenido esa sensación, cuando en su discurso presidencial en 1996 en Viena, dijo: “Ahora no somos ganadores”.

En 1996, el hecho de que íbamos perdiendo no parecía tan obvio para mí, como hoy. El sistema de libertad política y democracia parlamentaria se había establecido rápido, y sustituido al anterior régimen autoritario, sino totalitario. Y en economía, el mercado y la propiedad privada reemplazaban a la planificación como fuerzas dominantes; hubo general liberalización, desregulación, y quite de “protecciones” y subsidios. El Estado radical retrocedió en todas sus funciones, y la libertad individual progresó.

Nuestro optimismo se basaba en la fuerte creencia en el poder de los principios de la sociedad libre, del libre mercado, y de las ideas de libertad, así como en nuestra propia capacidad para promoverlas.

No obstante hoy, a comienzos de la segunda década del Siglo XXI, nuestra sensación es diferente. Me pregunto: ¿Tuvimos ilusiones infundadas e injustificadas? ¿Percibimos el mundo de manera errada? ¿Fuimos ingenuos y tontos? ¿Estaban nuestras expectativas equivocadas?

Estas preguntas merecen respuestas serias. Pudimos estar equivocados, y lo estuvimos sin duda, pero no por abrigar ilusión sobre Occidente, en particular sobre Europa Occidental, la UE. La gente como yo no se deja engañar por cuentos sobre una posible “convergencia” de capitalismo y socialismo -muy populares en Occidente desde los ‘60- o por sueños de posibles terceras vías. Rechazamos esto, sin duda. [1]

[1] Ver mi discurso en la Reunión Regional de MPS en Vancouver, Agosto de 1999 “La Tercera Vía y sus presunciones fatales”, publicado en el libro “En camino a la democracia”, NCPA, Dallas, 2005. Hasta hoy en diversos países me confronto con personas que aún recuerdan mi Informe de Enero de 1990 en Davos: “La tercera vía es la vía más rápida para llegar al 3er. Mundo”.

Por nuestra vida en el comunismo, vimos una serie de cosas ya entonces, y más claro que algunos amigos occidentales, incluso con quienes compartíamos las mismas doctrinas e ideas políticas. Permítanme empezar señalando cuatro temores sobre el futuro, de los cuales ya éramos muy conscientes en la era comunista: 1) El socialismo democrático y la economía “social” de mercado. 2) La “ideología verde”. 3) Los intelectuales socialistas. 4) El “cientismo” y la tecnocracia.

# 1. Temíamos que el socialismo democrático y la “Economía Social de Mercado” llegara para quedarse, y debido a su misma dinámica interna, para expandirse.

# 2. Desde que comenzó la “ideología verde” en los años ‘60 y ‘70, cuando se creó el Club de Roma y se vieron sus primeros informes, me entró miedo de la que vi una muy peligrosa alternativa a la doctrina socialista tradicional. Era evidente que se trataba de un proyecto aún mayor para cambiar más radicalmente la sociedad humana. El presunto agotamiento de los recursos naturales, y la llamada “bomba poblacional”, fueron sólo pretextos. Y eso que en aquel momento no había la doctrina del calentamiento global, que llegó más tarde, con todo el poder y los peligros ocultos en su interior. [2]

[2] Ver mi libro “Modrá, Nikoli Zelená planeta” (“Planeta azul en grilletes verdes”), Dokořán, Praga, 2007, y sus ediciones en 18 idiomas.

# 3. Ya bajo el comunismo, la gente como yo también temía a los intelectuales socialistas [3], porque tuvimos oportunidad de ver con nuestros ojos que los académicos, o su gran mayoría, sirvieron como mayor fuerza impulsora del comunismo y las doctrinas socialistas, porque los auténticos representantes de la clase obrera, el “proletariado” de Marx, nunca fueron verdaderos creyentes en el comunismo.

[3] Friedrich von Hayek: “Los Intelectuales y el Socialismo”, The U. of Chicago Law Review, Spring 1949. En http://mises.org/etexts/hayekintellectuals.pdf

Y ya desde ese momento, seguí con gran preocupación el “exceso de producción” de intelectuales con bajo nivel educativo, que surgió en Occidente como resultado de la masificación de la educación universitaria. Una de sus peores consecuencias ha sido y es la superficialidad del discurso público, que ha alcanzado dimensiones extraordinarias.

Como lo expresó Hayek, los intelectuales son socialistas en buena parte porque están convencidos de que el socialismo es una “ciencia que aplica a todos los campos de la actividad humana”, y por eso “los intelectuales se sienten en el socialismo como en un sistema creado exactamente para ellos”, porque les considera “las personas más valiosas” [4]. El mercado no suele compartir su elevada auto-estima, y por eso ellos no quieren ser evaluados por el mercado.

[4] Robert Nozick, “¿Por qué los intelectuales se oponen capitalismo”, Cato Policy Report, Washington, DC, No. 1, 1998.

# 4. El socialismo (o más bien el comunismo, como decimos hoy) desde sus inicios se ha basado en una apoteosis de la ciencia, en una muy arraigada esperanza de que la ciencia y la educación van a resolver todos los problemas humanos y sociales existentes; y por eso cambiar el sistema no es necesario, basta con hacerlo un poco más “ilustrado”. Nuestra experiencia bajo el comunismo nos decía que esa idea era absurda, aunque Occidente creía la misma falacia.

Nunca creímos en el pensamiento tecnocrático: no tenemos fe en el poder de la ciencia y la tecnología para organizar la sociedad humana. No apreciaba yo a los Sres. Herman Kahn, Jay Forrester, Alvin Toffler, ni ahora a Max Singer y su libro “Historia del Futuro” [5].

[5] Max Singer, “History of the Future”, Lexington Books, NY, 2011.

Porque siempre vi el riesgo de subestimar inherentes características sociales o sistémicos de la sociedad humana, y el peligro del injustificado optimismo tecnológico, en realidad no muy diferente del marxismo en ese punto. En este sentido, siempre tuve a Aldous Huxley y su insuperable “Un mundo feliz” como una advertencia ante mis ojos. Y aprendimos mucho del seminal artículo de Hayek “El uso del conocimiento en la sociedad” [6]

[6] Friedrich A. Hayek, “El uso del conocimiento en la sociedad”, American Economic Review, No. 4, Septiembre de 1945.

Todos los ideólogos socialistas, en el Este y en Occidente, trataban como conocimiento nada más que la ciencia, y algún otro tipo de aprendizaje organizado y organizable. Pero nosotros, de acuerdo con Hayek, supimos que el conocimiento más importante es el saber que se halla “disperso” en la sociedad, de orden práctico, que no se enseña en la universidad y que la gente usa en su vida diaria, aunque no para escribir libros acerca del mismo. La idea hoy de moda es que vivimos “la economía del conocimiento”; pero no es así: la economía en toda época se ha basado en el conocimiento, lo importante es cómo se las arregla la gente para usarlo.

Estos fueron los cuatro principales problemas de los que al menos yo era consciente ya entonces. Pero hay otros, que en aquellos días subestimamos, o que no vimos. Para nombrar sólo algunas, aludiré a nueve de ellas: 1) Los anti-valores de los años ’60. 2) Demagogia, no democracia. 3) Derechos “humanos”, no civiles; y dictadura de la “política correcta”. 4) El activismo judicial o “Juristocracia”. 5) El imperio neo-feudal de las ONGs. 6) El poder de la prensa. 7) La erosión de la soberanía nacional; la globalización supranacional del estatismo. 8) La popularidad de la causa anti-capitalista. 9) La extendida generalización del Welfare y del estatismo. Finalmente, trataré el tema 10) Nuestro papel como liberales clásicos.

# 1. Probablemente no acabamos de entender todavía las implicaciones a largo plazo de la era “romántica” de los ’60, un periodo de negación radical de toda autoridad, de los valores tradicionales, y de las instituciones sociales en general. Como resultado de la cual, las generaciones posteriores no entienden el significado de nuestra herencia civilizatoria, cultural y ética, y están sin brújula en su conducta.

# 2. Subestimamos aspectos problemáticos de un sistema democrático normal, incluso funcionando bien, pero carente de un conjunto subyacente de valores más profundos. Por eso, no vimos en la democracia la fuerza del elemento demagógico, que permite demandar “algo por nada”. No esperábamos que en las decisiones del proceso político dominara una preferencia por “ganancias visibles y concentradas” para unos grupos, a cambio de “costos invisibles y dispersos” para las mayorías. Y esa es una de las principales causas de la actual crisis euro-americana de la deuda.

# 3. Ya antes temía yo el gradual cambio de los “derechos civiles” a los “derechos humanos” desde hace tiempo, pero no anticipaba todas sus consecuencias. Esta ideología nada tiene en común con cuestiones prácticas como libertad individual y libre expresión política; y los derechos no son tales sino “titulaciones”. Los liberales clásicos y libertarios no enfatizan bastante que estos “derechos” así interpretados, van contra la libertad y el funcionamiento racional de la sociedad. Y son de hecho una revolucionaria negación de los derechos civiles; por ej. no requieren ciudadanía alguna para su ejercicio, lo que lleva a la gradual destrucción de la soberanía en cada país, sobre todo ahora en la Europa actual. Y estos tales derechos humanos “positivos” han contribuido en gran medida a la actual epidemia de “corrección política”, con toda su fuerza destructiva. [7]

[7] The Centre for Independent Studies de Australia ha publicado una colección de ensayos “No se puede decir que..” (You Can’t Say That, CIS Occasional Paper, 124, Sydney, 2012). En la Introducción se lee lo siguiente: “Estamos en una extraña encrucijada de la historia de la civilización occidental. Nunca antes hubo mayor libertad de movimiento y de información, y prosperidad tan general. Pero nunca antes hubo mayor restricción en la libertad de expresión … la sociedad occidental auto-censura su intercambio de opiniones … La corrección política eficaz pone en peligro uno de los fundamentos mismos de la Sociedad Libre: un debate abierto y amplio, sin restricciones en el libre intercambio de opiniones “(p. 1). Concluye el Informe observando los siguientes resultados: “los políticos optan por retirarse de los debates serios, por razones tácticas”; y “el mecanismo de la corrección política impide la formulación de las opiniones no conformistas respecto a la mayoría” (p. 10). La corrección política está basada en una “intolerante moralización” (p. 21), y es posible por nuestra debilidad, por la desintegración de los valores tradicionales, y por su insuficiente defensa.

# 4. Conectada con la corrección política y los derechos humanos tenemos la judicialización de la política o “Juristocracia”, una alternativa actual o sustituto de la democracia. Todos los días vemos cómo el poder político pasa de los políticos electos por el pueblo, a los jueces no electos por el pueblo.

[8] James Grant presenta un análisis muy convincente en su artículo “El ascenso de la Juristocracia” (“The Rise of Juristocracy”, The Wilson Quarterly, Spring 2010).

Señala Grant [8] que “es en gran medida una expresión de la vieja creencia de que la democracia puede y debe ser atemperada por la aristocracia” (p. 17). O sea: la democracia no puede funcionar bien sin esta aristocracia judicial, un cierto “pueblo elegido” (que en realidad no es elegido). Dice Grant: “El principal método de este activismo judicial es el de los derechos” (ibid.), no los derechos civiles sino los derechos humanos. Y esto forma parte de una ilusión sobre la eventual (y deseable) supresión de la política, o lo que es decir, de la democracia. Es otro paso hacia el establecimiento de una sociedad post-política.

# 5. Tampoco anticipé yo la posición de poder que ganarían ONGs “de la sociedad civil”, en nuestros países y en el mundo supranacional, y el carácter irreconciliable que tendría su lucha contra la democracia parlamentaria, que están ganando, y cada vez más y más. [9]

[9] La reunión anual de la Asamblea General de la ONU se abre cada mes de Septiembre bajo la dirección de su Secretario General. En lugar de dar la palabra a los políticos de los más grandes países, el S. G. intencionalmente invita a hablar a los representantes de las ONG, de modo ilegítimo, porque la ONU los selecciona en forma totalmente arbitraria. La ONU, que de hecho se ha vuelto la ONG mundial más grande, los ve como algo mejor y más noble que los políticos.

Estas ONGs son grupos organizados de personas no elegidas, que de modo prima facie no político, luchan por conseguir ventajas y privilegios estatutarios, lo que frontalmente niega todos los avances en de las libertades individuales logrados en la sociedad humana durante los últimos dos siglos. No recuerdo donde topé por primera vez con la afirmación de que las ONGs representan una re-feudalización de la sociedad, pero es muy cierto.

# 6. Nosotros vivíamos en un mundo sin libertad de prensa, por mucho tiempo, y por eso vimos en la ilimitada libertad de los medios un requisito para una sociedad verdaderamente libre. Hoy no estamos seguros. Formalmente en la República Checa, y en todo el Occidente, hay libertad de prensa casi absoluta, y a la vez una increíble manipulación de la prensa. La democracia cambió aquí a “mediocracia”, otra alternativa a la democracia, o más bien una de las formas de destruir la democracia. [10]

[10] Alexander Solzhenitsyn, en su muy discutida conferencia en la U. de Harvard el año 1978, dijo: “La prensa se ha convertido en el mayor poder en Occidente, por encima de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial”. Quizá por decir esto Solzhenitsyn nunca fue aplaudido por esta conferencia en el Occidente, en particular no por los medios de comunicación ni el mundo académico. Se consideraba como una crítica a Occidente, y esto es algo que nadie del Este se atreva a hacer. Sin embargo, era una crítica a los aspectos negativos de la civilización occidental.

# 7. En el cerrado mundo comunista, y por la trágica experiencia con el imperialismo de la URSS, nos oponíamos a todo lo supranacional, es decir, a lo procedente de Moscú. Pero no pudimos ver el peligro del cambio gradual del nivel nacional e internacional, para los niveles transnacional y supranacional, en el mundo actual. [11]

[11] Ver Juan Fonte: “Soberanía o sumisión”, Encounter Books, NY, 2011. Y mi libro “Evropská integrace bez iluzí” (“La integración europea sin ilusiones”), Knižní klub, Praga, 2011.

En aquellos días no seguimos muy de cerca la integración europea, tal vez por razones comprensibles. Y tendíamos a ver sólo su aspecto liberalizador, no en cambio el peligroso supra-nacionalismo, destructor de la soberanía y la democracia de los países.

# 8. Además, no me esperaba una defensa tan débil de las ideas del capitalismo, el libre mercado y el Estado mínimo. No me imaginaba que “capitalismo” y “mercado” se harían casi malas palabras, políticamente incorrectas, que mejor debería evitar un político “decente”. Yo había pensado que eso era curricula obligatoria de las doctrinas marxistas o comunistas.

Sólo ahora puedo ver la profundidad real del odio a la riqueza y al trabajo productivo que la engendra. Sólo ahora me doy cuenta del papel de la envidia en la naturaleza del hombre, y de ese pensamiento completamente primitivo que ve la riqueza de otra persona como producida única y solamente a mis costas y expensas.

# 9. No esperaba tampoco tanta popularidad para los bienes públicos, para el sector público, la mano visible del Estado, la “redistribución” de la riqueza, y la sabiduría de los “ungidos” en comparación con la del resto de nosotros. Soy economista y por décadas –de hecho mediados de los ’60- sigo con atención la literatura económica occidental. Y por tanto no esperaba que las ideas de Friedman serían tan pronto abandonadas. No imaginé que se olvidaría tan rápido que la reglamentación es otra palabra para planificación, que la “política social” no difiere mucho del comunismo, que el mercado no puede existir a medias, siendo espontáneo. Después de extirparse radicalmente los subsidios de todo tipo en la economía, no pensé que se reintroducirían tan pronto. No imaginé que se repetirían tales errores en política económica, en la creación de uniones monetarias, etc. No esperábamos que la gente sería tan reacia a asumir la responsabilidad por sus vidas, que habría tal miedo a la libertad, o tal confianza en la omnipotencia del Estado.

# 10. Ahora, como miembros de MPS, ¿por qué hemos permitido que esto suceda? No creo que fallamos en el análisis. Hay otras razones.

Hay cierto temor, si no pereza, en nuestro pensamiento y conducta. No hay suficiente coraje personal involucrado; hay miedo de quedarse a solas uno con sus opiniones. Fallamos en que no estamos siendo escuchados alto y fuerte, porque ya no promovemos la libertad activamente. Ya no hay entre nosotros ningún Milton Friedman.

Es importante que nos tratemos unos a otros en reuniones como ésta, pero temo que no somos escuchados fuera de este círculo. Nos complacemos en publicarnos unos a otros nuestros artículos en nuestras revistas y boletines, pero difícilmente entramos en los “otros” periódicos, en las revistas para “los otros”. Las ideas se promueven a sí mismas, pero en el muy largo plazo, y ya puede ser demasiado tarde.

De igual modo, hemos de admitir que no estamos produciendo serios análisis socio-económicos empíricos, descriptivos y positivos. Lo que prevalece son análisis parciales y documentos normativos e ideológicos. Lo que falta no son textos declarativos, sino una profundo “anatomía” de la actual situación.

Me alegraría estar equivocado. Me alegraría si se demostrase la robustez del capitalismo, y que todo se corregirá. Por fin sucederá, pero no espontáneamente. Hayek argumentó bien que “la libertad no puede sostenerse, a menos que cada generación reafirme y subraye cada vez su valor”. Ahora es nuestro turno: nuestra generación y la de nuestros hijos tienen que hacerlo. Y debemos empezar ya, antes de que sea demasiado tarde.

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Publicado originalmente en el Policy Review, vol.28 No.3, Spring 2012
http://www.klaus.cz/clanky/3178
T
raducción/edición: Alberto Mansueti

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Filed under liberalismo clásico

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